8/09/2006

La debacle de Felipe Calderón ante el Tribunal Electoral

31 de julio de 2006


Por Juan Pablo de Pina García
Académico, Universidad Autónoma Chapingo


El 30 de julio, mientras poco más de dos millones de mexicanos se manifestaban en el centro de la ciudad de México en apoyo al recuento total de los votos en la elección presidencial, el candidato de la derecha (PAN), de la ultraderecha (Yunque), de Los Pinos, de Washington, de Madrid, del Vaticano y del empresariado transnacional integrado a la globalización, Felipe Calderón (conocido por el vulgo como FeCal), se equivocó rotundamente en su presentación de alegatos ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. De manera textual señaló: lo que el Tribunal debe definir “no es si fue democrática o no fue democrática [la elección]…”; la "definición, añadió, no es si la elección fue limpia o no…”. Debacle y derrota política y discursiva.

El artículo 40 Constitucional señala: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, federal, compuesta de Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental”. El artículo 41 Constitucional, para asegurar la representatividad democrática de los poderes establece en su párrafo segundo: “La renovación de los poderes Legislativo y Ejecutivo se realizará mediante elecciones libres, auténticas y periódicas”, y añade en su fracción tercera que la organización de las elecciones es una función estatal a cargo del IFE, cuyos principios rectores son: “…la certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad…”.

Es decir: lo que el Tribunal Electoral está dilucidando, justamente en su calidad de tribunal constitucional, es si la elección presidencial del dos de julio fue democrática y limpia, libre, representativa y auténtica. Y lo que Felipe Calderón alegó ante los magistrados es que, según su devaluado punto de vista, no deben cumplir con su función y mandato constitucionales, sino convalidar los resultados fácticos y facciosos entregados por un IFE que incumplió, a todas luces, su obligación constitucional.

Debo imaginar el asombro de los magistrados ante los alegatos de Felipe Calderón, desesperada e inusitadamente presentados de manera personal, ante el vacío en que su partido le ha colocado y la desconfianza que priva en su entorno. Quizás habrá alguna indignación entre los magistrados.

Encarrerado, el candidato de la mano dura y de la mano firme, creyéndose investido de un poder del que carece, se atreve a dar línea a la magistratura del Tribunal Electoral: “es una decisión muy difícil por su relevancia, pero fácil de tomar: simple y sencillamente hay que seguir con decisión lo que la ley dice, hay que reconocer la decisión que ya tomaron los ciudadanos". En otras palabras, desconoce las facultades y responsabilidades históricas, jurídicas y políticas del Tribunal.

Poco más de dos millones de personas manifestándose en el centro de la ciudad de México en apoyo a la demanda de contar voto por voto, casilla por casilla, debiera ser la noticia principal del día. La dimensión de un plantón o campamento permanente del Periférico al Zócalo, que paulatinamente se instala y crece, debía ocupar las primeras planas y las ocupará, sin duda.

Pero la noticia esencial de hoy es la debacle jurídica y judicial de Felipe Calderón (FeCal para el vulgo, los nacos, los indios, los peligrosos, los renegados y los dos millones que hoy marcharon, más adjetivos que se adjunten por cortesía de la derecha criolla). Felipe Calderón ha pretendido ningunear al Tribunal y amenazarlo de manera no tan velada.

Los magistrados electorales tienen la palabra.

30 de julio de 2006. Correo-e: jp2401@yahoo.com